Vivimos en una época donde el cansancio dejó de ser una excepción para convertirse en la norma. Todos estamos expuestos a una exigencia constante: producir más, rendir más, responder más rápido, ser eficientes, incluso, en nuestros momentos de descanso. Esta es la llamada sociedad del cansancio. Aunque afecta a todos, en reumatología la vemos traducida directamente en el cuerpo: dolor, inflamación, insomnio, agotamiento profundo y la sensación que nada es suficiente,
El agotamiento moderno no siempre nace del cuerpo; muchas veces es consecuencia de sobre estímulos y demandas externas que mantenemos cada día. El problema es que ese cansancio sí termina manifestándose físicamente.
En enfermedades como la artritis reumatoide, el lupus o la espondiloartritis, el estrés sostenido actúa como un gatillo: aumenta los brotes, amplifica la percepción del dolor, altera el sueño y reduce la capacidad de recuperación. Nuestro sistema inmune es extremadamente sensible a lo que sentimos. Una agenda saturada, la falta de pausas, las preocupaciones acumuladas, va alterando nuestro sistema inmunológico.
La sociedad del cansancio nos ha entrenado para vivir en modo automático: siempre cumpliendo, siempre produciendo, siempre respondiendo… Pero el cuerpo no funciona así. El cuerpo necesita pausas, ritmos, silencios. Requerimos momentos en los que no se nos exija ser fuerte. Y cuando no los tiene, se manifiesta, a veces, en forma de dolor; otras como rigidez, insomnio, inflamación o esa fatiga que no mejora ni durmiendo.
Hay que entender que el bienestar no depende solo de los medicamentos; depende también de cómo nos tratamos. Hacer pequeñas pausas, permitirte descansar sin culpa, escuchar el cansancio antes de que se convierta en brote (eso también es parte del tratamiento). Porque no se trata de “ser más fuerte”, sino de ser más compasivo contigo mismo y reconocer que tus límites no te debilitan, te protegen.
Hay que trabajar estrategias complementarias al tratamiento médico: higiene del sueño, manejo del estrés, actividad física suave-moderada y hábitos antiinflamatorios. Porque el dolor no es solo biológico, es emocional, social y profundamente humano. Entenderlo así mejora la enfermedad y la calidad de vida.
Tu cuerpo no te está fallando, te está hablando. Escuchar tu cansancio también es una forma de sanar.



